03 junio 2006

El muendononón


Quienes creímos que Uribe no ganaría en primera vuelta terminamos estrellándonos contra un hecho claro y cuantificable: casi ocho millones de votos por el presidente. Qué barbaridad. Vista desde hoy la cosa, la verdad es que a pesar de todo lo que se haya dicho, a pesar incluso de todo lo que se haya comprobado, la gente le dio a Uribe un voto de confianza que lo legitima, le abre un gran camino y hasta lo perdona.

Como tanto se advirtió, el retiro de los demás candidatos habría sido la mejor manera de sentar el precedente de la falta de legitimidad de Uribe. Pero eso no pasó y punto. Por eso, habiendo ganado como lo hizo, nadie puede ya ponerle espejo retrovisor a la realidad y hablar de falta de legitimidad del presidente. Y por eso mismo quienes se jugaron contra Uribe con semejante falta de garantías, se llevaron su muendononón.

Después de este último paso por las urnas, la legitimidad del periodo 2002-2006 y la del periodo 2006-2010 es total. Eso hace que la oposición deba hacer borrón y cuenta nueva a la hora de emprender su labor. Hay que volver a la política y concentrarse en lo que empiece a ocurrir a partir de ahora. Como dice la canción, lo que pasó, pasó.

Como semejante votación es un cheque en blanco, aún más cuando los organismos de control terminarán en manos uribistas, lo primero que se debe hacer es un alto en el camino y pensar. El gobierno no puede salir a hacer y deshacer por cuenta de la confianza depositada en él. Debe ser cauteloso pues, parafraseando al padre de algún superhéroe, todo gran poder implica una gran responsabilidad.

El análisis también debe recaer sobre los perdedores. El Polo ganó perdiendo, como tantas veces Maturana. Quienes le apostamos a esa opción fuimos derrotados, aunque terminamos el día con una sonrisa. Dejamos sembrado algo que algún día habrá de cosechar. Le apostamos a la posibilidad del disenso, al contenido en el discurso, a la libertad. Eso es algo que nunca habrá de prescribir.

El partido liberal pagó los platos rotos de sus malas decisiones. Habiendo podido tener un excelente candidato en César Gaviria, habiendo podido tener en Serpa la mejor cabeza de lista para el Senado, habiendo podido haber hecho así su mejor faena, se hizo el harakiri. Cierto, Serpa murió en su ley y con toda la dignidad del mundo. Pero se llevó al liberalismo con él. Ahora el partido tiene por delante el desafío de ser, junto con el Polo, una fuerza decisiva en el Congreso. Es su oportunidad de no desaparecer.

Lo de Antanas Mockus es una tristeza. Se pueden dar mil excusas; que fue víctima del voto útil, que no hay llanero solitario que no sea un incomprendido, etc. Pero su derrota fue total. No hay argumento que valga frente a ese resultado.

El muendononón de Uribe pone las cosas a otro nivel. La política cambió en Colombia. Tanto para el gobierno como para la oposición atrás queda el pasado y vienen unos años en los que, por encima de las diferencias, hay que buscarle soluciones a los problemas del país. Porque basta mirar lo que está pasando para darse cuenta que las cosas no están bien. Pero sobre todo para entender que, a pesar de los esfuerzos y de unos y otros y a pesar del revolcón político de los últimos años, en este país casi todo está por hacer.

No hay comentarios: