Colombia se ha venido convertido en un país sin matices en el que al mejor estilo gringo o se está con Uribe o se está contra él. Pero con la entrevista Pastrana mostró que sí puede haber reflexión y que una cosa es apoyar al gobierno y otra distinta es girarle un cheque en blanco para que haga y deshaga. Andrés, como se dice en la política criolla, tiró línea. Y si acá hay buenos entendedores, que como las brujas que las hay las hay, entonces la política en Colombia se va a poner muy buena.
Hasta ahora la única reacción al timonazo de Uribe a la derecha había sido la totalmente opuesta. Es decir, ante lo blanco, lo negro. Y cuando se llega a ese punto pasan tres cosas nocivas para una democracia. La primera es que al gobernante de turno se empieza a sentir indispensable y le entra una necesidad personal irresistible de reelegirse. Si está permitida la reelección, se juega por ella. Eso es lo que está haciendo Bush. Y si no está permitida, entonces se lanza a reformar la constitución para lograr quedarse más tiempo. Los ejemplos son Fujimori, Chávez y ahora el propio Uribe.
Lo segundo es que el país se divide entre buenos y malos. Para los unos ellos son los buenos y los malos son los otros. Y para los otros la cosa es igual pero al revés. Sin embargo, quien esté en el poder siempre va a esgrimir el argumento de que hay que estar con la institucionalidad. El problema es que en ese momento, independientemente de quién piense qué, opinar en contra de la oficialidad, hacer oposición, se convierte en algo subversivo.
Lo tercero es que la comunidad internacional se alinea y entra a jugar en el terreno local. Las potencias del mundo empiezan a utilizar al país polarizado para fortalecer sus posiciones geopolíticas. El amigo se convierte en aliado y en la ficha de una guerra de posiciones en la que tampoco hay punto medio.
Esas tres cosas ocurren hoy en día con Colombia. Pero con sus planteamientos Pastrana mostró que puede haber una política distinta. Fue uribista en lo esencial y discrepó en la forma. Para él el presidente hace bien muchas cosas pero se equivoca en ponerle nombre propio a la reelección y en la manera de lograr su aprobación. Por otro lado, Andrés ve el peligro de la polarización y entiende que el mundo está jalonado por intereses ajenos a lo local.
El presidente Uribe entendió que Pastrana es un peso pesado y por eso le mostró los dientes como lo hizo. Pero se equivocó porque mandó el hígado como punta de lanza y cometió dos errores. El primero es que terminó dándole la razón pues dejó ver que, en efecto, en Colombia hacer oposición puede ser un suicidio político. Y el segundo es que no midió que el Andrés de hoy no es el mismo de ayer y que este tiene la experiencia de la soledad después del poder, las ganas y la capacidad para hacer mucha política.
Uribe, al mejor estilo de José Alfredo Jiménez, le dejó claro a Pastrana que “la distancia entre los dos es cada día más grande”. Y por eso Andrés ahora deberá aceptar el reto y pasar del dicho al hecho. ¿Cómo? Es probable que lo haga alineando sus fichas para ajustar las cargas. Es decir, haciendo política. Entonces veremos nuevamente a un expresidente Pastrana en la arena de la cosa pública y ese es un espectáculo que desde hace tiempo se echa de menos. Las cartas en la política colombiana se volverán a barajar. Qué bueno, porque habrá un mano a mano en el que, sin duda, el gran beneficiado terminará siendo el país.
No hay comentarios:
Publicar un comentario