10 mayo 2004

Los boys de Rumsfeld: ¿De Faluyah al Caquetá?

El secretario de defensa norteamericano, Donal Rumsfeld, anunció esta semana que los Estados Unidos están listos para mandar tropa a Colombia si el presidente Uribe lo quiere. Las declaraciones de Rumsfeld resultan paradójicas, por decir lo menos, después de haber visto la experiencia gringa en Irak. No sólo se destruyó, porque sí, un país que es cuna de la civilización, sino además se le dio un ejemplo al mundo de cómo no se deben hacer las cosas en tres campos importantes: el jurídico, el político y el militar. En esas áreas, la “cruzada por la libertad” en el medio oriente ha sido nefasta. Como lo sería en Colombia si en algún momento a Uribe, quien ya dijo que no, le diera por decir que sí.

Hay que recordar que desde el punto de vista jurídico la invasión a Irak constituyó el más grande rompimiento de la legalidad internacional desde que, con la firma de la Carta de las Naciones Unidas en 1945, se institucionalizó un orden jurídico para el planeta. Por más que los Estados Unidos maniobraron diplomáticamente en el Consejo de seguridad la justificación de la guerra para tumbar a Hussein no apareció. Eso terminó dividiendo al mundo entero y lanzando sobre los americanos una connotación de victimarios que les ha hecho mucho daño.

Si el ofrecimiento de Rumsfeld fuera serio, porque en política casi siempre una cosa es la que se dice y otra la que se piensa, en Colombia pasaría lo mismo. Aunque aquí no se trataría de tumbar un régimen autoritario habría que ver cuál es el paso a seguir desde el punto de vista del derecho internacional. ¿Hay que preguntarle a la ONU para mandar tropa gringa al Caquetá? ¿Se opondrían otros países? ¿Basta con el simple SI del presidente? ¿Habría una coalición entre uribistas y conservadores para aprobar el tema en el Congreso?

En lo político la experiencia americana también ha sido desastrosa. El manejo que se le dio a la iniciación del conflicto polarizó al mundo y radicalizó las posiciones. De hecho, la manera en que los países movieron sus fichas de acuerdo a sus intereses ha jugado un papel importante en la política interna de todas las naciones. España es un gran ejemplo de ello. La madre patria dio un giro total, políticamente hablando, en virtud de las posiciones de su sociedad y de su gobierno frente al conflicto iraquí. En caso de que vinieran tropas americanas a Colombia, la cosa no sería diferente. Internacionalmente el palo no está para cucharas. Todos los ojos del mundo nos mirarían y terminaríamos siendo el centro de una nueva discusión sobre lo que está bien y lo que no lo está. Un laboratorio político – militar más como Afganistán.

En el plano interno sufriríamos un cataclismo político. Si ya tenemos suficiente con la bendita reelección que tiene paralizada la política, todo terminaría patas arriba con la llegada de los marines. Se polarizaría aún más el país y toda la gestión del Estado estaría determinada por lo que nos dicten desde Washington y por lo que suceda en el campo de batalla.

Finalmente, en el plano militar, tampoco está nada asegurado. El 2 de Mayo de este año Bush proclamó el final de las operaciones militares en Irak y, desde entonces, a sus soldados sólo les ha llovido fuego. El ejército “libertador” entró a Irak, pero no ha podido ganar la guerra. Quien sabe si en Colombia le iría igual. Los combatientes americanos podrían patrullar fácilmente las zonas urbanas del país e incluso algunas zonas rurales. Sin embargo, no se ve claramente que puedan salir bien librados de la manigua de la selva de Guainía o incluso del clima de la Serranía del Perijá.

A todo esto hay que sumarle que el ejército americano le ha dado al mundo en las últimas semanas el peor ejemplo de cómo no se debe tratar a un pueblo “liberado”. Las fotografías de soldados americanos burlándose de los prisioneros iraquíes torturados le han dado la vuelta al planeta y han mostrado que, los defensores de la dignidad humana, no han hecho sino irrespetarla. ¿Con qué cara van a mirar ahora los americanos a los chinos o a los cubanos en materia de derechos humanos? ¿En dónde queda la autoridad moral? ¿Cómo se atreven a certificarnos o descertificarnos a nosotros los Colombianos en el tema?

Hay que recordar que aquí hay mucho instructor militar gringo. Crucemos los dedos para que lo que le estén enseñando a nuestros soldados sea cómo ganarle la guerra a la guerrilla y no cómo lograr, a las patadas, que un campesino inocente diga que sí es guerrillero o paramilitar.

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