16 mayo 2004

La alternativa del escorpión

El senador Moreno de Caro nos tiene acostumbrados a varios espectáculos en el Congreso. El jueves, sin embargo, su regalo de dos escorpiones, para los senadores Piedad Córdoba y Édgar Artunduaga, fue diferente. De ninguna manera por la irrespetuosa comparación que pretendió hacer, sino porque los animales escogidos tienen una característica muy particular: si se les rodea de fuego, ellos mismos, ante el peligro, se entierran su aguijón en la cabeza.

Esa actitud del escorpión es un acto deliberado de defensa. ¿Acaso de dignidad? Como cuando un gobierno echa a rodar un proyecto de acto legislativo y encuentra, en mitad de su aprobación, que la cosa le está saliendo mal. Que se lo han llenado de ‘micos’ o que ha tomado un rumbo distinto al deseado. Lo hunde. O por lo menos hace lo posible para que no pase.

Cosa distinta es el caso del gobierno que contamina la legislatura con un proyecto de reelección presidencial para mantenerse en el poder, pero previamente ha mandando mensajes de urgencia para que se aprueben otros. Es el caso de la reglamentación del estatuto antiterrorista y el proyecto uribista de reelección. La iniciativa para que el Presidente repita tiene una carga política tan profunda que ha dejado en un segundo plano toda la labor legislativa.

Se ha convertido en un misil en todos los aspectos de la vida nacional. Sin embargo, el mensaje de urgencia para sacar adelante la reglamentación antiterrorista ha sido una talanquera infranqueable. El Congreso simplemente no puede pasar por encima de la prioridad que el mismo Gobierno le ha dado. Y por eso el resultado puede ser que la reelección, por la misma actitud del Gobierno y por un simple problema de tiempo, se quede sin oxígeno.

No hay que olvidar que escorpión es escorpión. Le pide a la tortuga que lo ayude a atravesar el río y en la mitad del recorrido la pica en la cabeza. ¿Por qué? Porque es un escorpión. Ambos mueren ahogados. Esto es lo que no le puede pasar al Gobierno en el proceso de paz, que ahora sí parece arrancar con las Auc.

Aunque sea con otro nombre, volvemos al esquema de la zona de distensión, de la mesa de negociación, de la suspensión de las órdenes de captura, del perdón y del olvido. En el medio está, como siempre, la población civil. En este nuevo proceso, los ríos a atravesar son muchos. Y si la cosa no se maneja bien, Gobierno, paras y población civil pueden terminar ahogados.

Por último está el rompimiento de relaciones entre el presidente Uribe y el ex presidente Samper, que no tiene vuelta atrás. El problema es que no se trata de una pelea entre políticos menores sino de un verdadero choque de pesos pesados. Los golpes han sido fuertes y no hay duda de que vendrán otros. El Congreso empezará a alinearse y a generar unas dinámicas cuyas consecuencias son difícilmente previsibles.

Lo importante es que este enfrentamiento no afecte la dinámica del Estado. Dudoso que eso no ocurra, porque la política se hace haciendo política. Uribe atacará creándole hechos a Samper y éste, que de manco no tiene nada, se los creará también.

Hay que esperar que la cosa no les salga mal a ambos. Porque así como puede salir algo bueno, puede salir algo desastroso. Se pueden generar ideas nuevas que lleven a mejores escenarios y puede avanzar la política, o puede que ocurra simplemente lo que pasa en una pelea de escorpiones: que ambos se ven, se miden, se lanzan el uno contra el otro, se entrelazan en una lucha descarnada y finalmente ambos terminan picados en la cabeza.

No hay comentarios: