Todo está raro en Colombia. Y raro para Colombia, es muy raro. Porque realmente este es un país en el que la excepción es la regla. Normalmente vivimos en un ambiente de anormalidad y estamos acostumbrados a ello. Sin embargo, en los últimos días, todo se ha puesto peor, por lo menos en lo que a la campaña presidencial se refiere. Los asesinatos de Jaime Gómez y Liliana Gaviria son ejemplos claros.
Jaime Enrique Gómez tenía 55 años y era historiador y politólogo de la Javeriana. Fue concejal de Bogotá y se desempeñaba como asesor de Piedad Córdoba y miembro de la campaña de Horacio Serpa. Era un estandarte de la oposición. El pasado 21 de marzo salió a trotar por el Parque Nacional y nunca volvió. Le ocurrió lo que a tantos colombianos: lo desaparecieron.
La vinculación de Gómez a la campaña liberal hizo que el caso se pusiera bajo la lupa. La desaparición comenzó a volverse un escándalo, especialmente ante la existencia de una lista en la funcionarios del DAS le informaban a los paras a quién desaparecer o asesinar. Entonces Jaime Gómez apareció. Pero muerto y despedazado.
Liliana Gaviria Trujillo era hermana del expresidente César Gaviria, uno de los más aguerridos opositores del gobierno. Gerenciaba la empresa de construcción de la familia. A las 7 de la noche del 27 de abril la secuestraron. Unos minutos después la mataron.
Puede pensarse que los asesinatos son diferentes y no tienen nada en común. Pero eso no es así. Porque las víctimas son personas inmensamente cercanas a quienes con mucha entereza y fortaleza hacen parte de la oposición. Ambas cayeron en época de polarización; ambas antes de elecciones; ambas de manera misteriosa; ambas de forma violenta. Esos son denominadores comunes que no se puede desconocer y que necesariamente despiertan interrogantes.
A la anterior situación hay que sumarle dos cosas más. La primera es la andanada, que muchos pretenden ahora olvidar, del presidente contra los medios de comunicación. Lo que ocurrió contra los medios no fue un accidente. Fue una avanzada presidencial en términos institucionales y personales. Se atacó a la prensa como institución, se atacó a los periodistas como profesionales y se atacó al público en su derecho a estar bien informados.
El segundo elemento lo constituyen las denuncias de los candidatos presidenciales distintos del Primer mandatario de que no tienen garantías plenas dentro del debate electoral. No se refieren a la supuesta igualdad que pretende crear la Ley que cada día muestra más su ineficacia. Se refieren hechos concretos frente a los cuales el gobierno da explicaciones pero no toma medidas.
Muchos pretenden hacernos ver que se puede hacer oposición en Colombia. Pero los hechos los contradicen. Basta ver lo que está pasando para entender que, quienes piensan así, se están estrellando contra la realidad. Mis condolencias para las familias de los caídos y a la oposición mucho ánimo en estas semanas antes de elecciones.
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