01 abril 2006

Semana de pasión


Uribe le tocó dar la cara, esta semana, por los escándalos. Salió por todos los medios de comunicación y habló y habló y habló pero no dijo nada. Lo que ha hecho es, con una estrategia calculada, sacarle el cuerpo al asunto de diferentes maneras y atentar contra la libertad de prensa.

Para él, como quien lo acusa está preso, no tiene credibilidad. Pero el argumento no sirve. Santiago Medina estaba preso cuando testificó en el proceso 8000. ¿O es que un testigo va motu propio a los tribunales a incriminarse y a declarar contra sus cómplices?

Frente a las denuncias de asesinatos de sindicalistas el presidente esquiva la pregunta y dice que hoy en Colombia matan menos sindicalistas que antes. Cuando se lo concreta, repite la frase pero no responde. El argumento es vergonzoso. Penoso. Cínico.

A la denuncia del fraude en Cesar, La Guajira, Magdalena y Bolívar, Uribe habla sólo del Magdalena. Sube el tono, se envalentona, pero deja por fuera los otros tres departamentos. Cuando se lo concreta, se limita a decir que su contrincante sacó más votos en todos ellos y que en el referendo no hubo fraude. ¿Qué es eso, por Dios?

A Uribe se le pregunta qué pasa con el DAS. Y responde “Prudente silencio. Mejor digamos que el país creció al 5%. Mejor digamos que la gente está mejor alimentada”. El presidente elude no sólo la pregunta sino también la responsabilidad política.

El vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, pide respuestas y Uribe contesta: “Ninguna respuesta. Esto lo manejo con mucha prudencia en el discurso. Con toda claridad. Con toda lealtad.” Grandilocuencia, halo mesiánico, pero nada de nada. 

El presidente se pregunta: “¿Me van a cuestionar la honradez?” Como si no fueran los hechos los que la tienen bajo la lupa. Y se responde: “He tenido una vida pública clara. La financiación de mis campañas siempre ha sido limpia". ¿Cómo la del 2002 en la que “La Gata” puso una platica?

Para Uribe hay unos periodistas “que se la pasan hablando en los cocteles en Bogotá” y otros que supuestamente sí son serios. Califica las acusaciones de “atrevimiento periodístico, irresponsable” y enfrenta a los medios de provincia contra los de la capital. Es la famosa estrategia del “divide y vencerás”. Uribe busca dividir al país para vencer al país.

“La libertad de prensa no se puede ejercer en contra de los intereses superiores de la Patria”, dice Uribe. Y anota: “No pensemos en el daño a Álvaro Uribe. Pensemos en el daño al país”. ¿Cuestionarlo a él es cuestionar el Estado? Esta es la versión moderna de Luis 14, el rey autoritario de “El Estado soy yo”. (Ojo: Nada que ver con Jorge 40).

Pero el mandatario deslegitimado tiene una estrategia para legitimarse: ganar las elecciones. Por eso invita a votar masivamente para echarle tierra a todo. Sí, “llenemos las urnas de votos”. Para que la libertad de prensa siga amenazada desde el Estado; para  que ahora que se destapó la olla, se vuelva a tapar; para que los próximos cuatro años sean iguales o peores; para que el presidente siga maltratando periodistas; para que Uribe siga haciéndose el que la cosa, simplemente, no es con él.

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