El gobierno de Álvaro Uribe se montó sobre la base de que acabaría la guerrilla en poco tiempo, a punta de plomo y mano dura. Durante el primer año, todo sonó muy bonito. Durante el segundo también. En la primera parte del tercero se empezó a ver que de pronto el país seguía en guerra y ahora, a escasos tres meses de las elecciones, la realidad es que estamos como empezamos y que nada de lo que dijo Uribe se cumplió.
La seguridad democrática fue toda una ilusión. Basta ver las noticias para darse cuenta de que en todos los rincones del país la confrontación ha arreciado. Siete departamentos están en paro armado. No se mueve una aguja sin autorización de la guerrilla. Los combates son diarios y hasta las caravanas han sido atacadas.
El problema comenzó cuando a punta de prensa y espectáculo Uribe quiso generar un ambiente de tranquilidad. Supo manejar bien la imagen y crear opinión positiva, pero es que la enfermedad no estaba en las sábanas. Logró la ficción de la seguridad y ahora se le despertó el monstruo.
Todos los actos de la guerrilla son repudiables. Pero el problema no es que existan esos actos sino que exista esa guerrilla. Y como la realidad es que existe, la solución debe partir del análisis de sus causas y de planteamientos en torno a ellas. Y como esas causas son políticas, la solución es la política.
El gobierno cometió el error que cometemos todos siempre que juega la selección Colombia. Que celebramos y celebramos y hablamos y hablamos y al final la vemos siempre dura. Adicionalmente hizo del lenguaje una talanquera para cualquier acercamiento. La cosa es de simple sentido común: resulta más fácil negociar con alguien a quien no se le ha dicho afeminado y perfumado.
Porque si de disparos verbales se tratara, claro que Uribe ya habría ganado la guerra. Pero no es con palabras como se triunfa en el campo de batalla y en el caso colombiano, tampoco es con bala. El conflicto no tiene solución partiendo de la base de que habrá vencedores y vencidos.
En la campaña electoral Uribe no le puede decir al país que la política de seguridad democrática fue un éxito estos cuatro años. Bueno, sí puede. De hecho lo hace. Pero el país no puede seguir creyéndole.
¿Qué hacer? Esperar a que el presidente nos cuente qué pasó. Que nos cuente por qué se le salió esto de las manos. Que nos diga por qué nos dijo que todo estaba bien y ahora se nos estalla la realidad en las narices. Que nos diga qué va a pasar si gana las elecciones. Porque a este paso nos vamos a quedar sin país para que alguien pueda gobernar.
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Mi predicción para el senado: Partido Liberal, 30 senadores. Partido conservador, 16. Partido de la U, 13. Cambio Radical, 12. Polo democrático, 10. Convergencia ciudadana, 8. Alas Equipo Colombia, 5. Colombia Viva, 3. Peñalosa, 2. Movimiento comunal y Comunitario, 1.
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