Increíblemente son muchos lo que afirman que el Partido conservador fue uno de los ganadores de las elecciones del pasado 12 de Marzo. Algunos, incluso, se han animado a decir que ese triunfo se le debe a Carlos Holguín Sardi. Quién sabe en qué realidad política viven los que así opinan, o qué es exactamente lo que vieron, porque si algo quedó claro es que el conservatismo se hizo el harakiri y que Holguín fue su enterrador.
Que el Partido conservador quedó moribundo es evidente cuando se analizan las cifras obtenidas en el 2002 en las elecciones parlamentarias frente a las obtenidas hace ocho días. La votación se redujo en casi un millón de votos. Hace cuatro años las fuerzas del conservatismo alcanzaron sumadas 30 curules en el senado. Hoy el número se redujo a 18 en el partido oficial y a unos 20 sumando las ruedas sueltas.
¿Qué pasó? Que el partido hizo un mal negocio. El conservatismo fue decisivo en la aprobación de los temas más importantes del gobierno, como el de la ley de justicia y paz. Y también lo fue en la aprobación de lo más apetecido por el presidente: la reelección (¿remember Yidis y Teodolindo?). Pero a la hora de recibir, puestos de segundo nivel y nada a nivel importante y decisorio.
La actitud de dejarse untar la mano con burocracia puso al partido muy mal frente a sus electores. Cierto, se amarraron algunos votos, pero definitivamente se perdió la mayoría. El partido quedó oliendo a política vieja, pretérita y clientelista. De no haber sido por los líderes de provincia, apague y vámonos. Réquiem azul.
Andrés Pastrana entregó un partido con una votación parlamentaria importante. Una fuerza que permitió que los conservadores fueran actores de primera línea en todos los temas del cuatrenio que siguió. Lamentablemente, al dejar Pastrana el poder no hubo liderazgo para que alguien recogiera el partido en la elección presidencial y por eso todo terminó en manos de Carlos Holguín.
Holguín canalizó las cosas buscando réditos electorales para él mismo. Sin embargo, cuando metió el pie en el agua y puso a su hijo a aspirar a la gobernación del Valle, lo barrieron. Entonces decidió hipotecar el partido a cambio de la embajada en Ecuador para su primogénito. El resultado, ahí lo tienen: un embajador y medio partido desaparecido.
El llamado de atención ahora es para los elegidos. Porque Holguín ya no tiene curul y por eso quienes sí se jugaron y la obtuvieron, no pueden seguir dejándose manejar. Cualquiera de los senadores cuenta con más respaldo político que Holguín y por eso la junta de parlamentarios debería pedirle la renuncia y asumir una actitud de rescate. Es lo mínimo que le deben al país y a sus compañeros de batalla que se quemaron.
Todo estaba dado para que el Partido conservador volviera a brillar: Uribe encarna la división del partido liberal. Antes, cuando eso pasaba, cuando el liberalismo se dividía, el conservatismo se unía, daba la batalla y ganaba la presidencia. Para no ir más lejos, así salió elegido Belisario Betancur. Ahora, por pusilánime, el partido prefiere esperar a ver si en el próximo gobierno, le dan un ministerio a Carlos Holguín.
No hay comentarios:
Publicar un comentario