07 enero 2006

Aisha, Yorly y Mary Jane


Es la primera semana de enero. Prendo el televisor y veo que la guerrilla está cercando el Putumayo. Cambio de canal y aparecen unos soldados americanos llegando a una casa iraquí. Sigo mirando. Los soldados le gritan a los habitantes de la casa que salgan. Un hombre abre la puerta y levanta las manos. Luego siguen su esposa y sus hijos: un pequeño de unos 5 años que alza sus brazos imitando a su padre y dos niñas. Una de escasos 13 años y Aisha de 7, que camina mirando fijamente al soldado que le apunta.

Los soldados les ordenan que se arrodillen con las manos sobre la cabeza. Aisha se queda de pie. Su padre, sin embargo, cuyas rodillas ya reposan en la arena, le ordena en su propio dialecto árabe que lo haga. La niña entonces se arrodilla y comienza a llorar. Siente miedo. Sin embargo, su llanto es por algo que a su corta edad nunca había sentido: indignación. La señal de televisión vuelve a los estudios de la CNN en Atlanta.

Mary Jane nació Atchison, un pueblo del estado de Kansas. Creció en la granja de sus padres y fue al colegio público en el que además de estudiar matemáticas aprendió a falsificar su tarjeta de identidad para alterar su edad y poder comprar cerveza. A los 18 años ingresó al ejército y a los 19 viajó a liberar al mundo del terrorismo. Antes de viajar pensó si debía llevar su tarjeta de identidad falsa porque no sabe si en Irak también tenga que tener 21 años para poder comprar cerveza.

Yorly tiene 7 años. Como Aisha. Nació en Ciudad Bolívar y cuida a sus hermanas mientras su mamá trabaja por las noches. Los fines de semana le echa llave al cuarto para que nadie salga y coge bus hasta un parque del norte en el que “hay luces y mucha gente y también hay gringos”. Allá pide plata porque no puede vender pulseritas de Colombia. Ese es un negocio para los mayores. Ella sabe que para que le den monedas a algunos hay que decirles “doctor”. También que “los que hablan raro son los gringos” y a ellos hay que decirles “mister”. A veces llega la policía y Yorly corre. Cuando eso pasa, llora porque ella también siente miedo.

Apago el televisor y decido salir de mi casa. Quiero ir a ese parque donde “hay luces y mucha gente y también hay gringos”. Camino pensando en que en el 2006 habrá mucha política. Entonces recuerdo cuando eligieron a Uribe porque ganaría la guerra. También cuando empezando el 2003 le pidió a Bush que mandara a Colombia tropas como las de Irak. Y luego, cuando de un momento a otro le dio por decir que en Colombia no hay ningún conflicto armado.

Sigo caminando y pensando. Veo que la política es algo muy raro: reeligieron a Bush y en el mundo todo está igual o peor. Y aquí quieren reelegir a Uribe cuando después de cuatro años los secuestrados siguen cautivos o están muertos, el país sigue dividido y nos seguimos odiando y matando. Entonces empiezo a sentirme indignado como Aisha; y me dan ganas de tomarme una cerveza como a Mary Jane; y siento el aire frío de la noche bogotana que me golpea como a Yorly. De un momento a otro, como todas ellas, empiezo a sentir miedo yo también.

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