11 junio 2005

Serpatizante

El día en que Álvaro Uribe ganó las elecciones presidenciales Horacio Serpa se paró ante un grupo de seguidores y anunció que nunca volvería a ser candidato presidencial. Eso significaba que, ante la muenda que le había dado el disidente que había comenzado con un 1% en las encuestas y luego se había hecho con el 55%, él abandonaba la política y se dedicaría a otras actividades. Eso también significaba que estaba diciendo mentiras.

Serpa había llevado a la derrota al liberalismo por segunda vez consecutiva y desde ese punto de vista sus palabras eran coherentes. Pero esa responsabilidad política electoral, la de colgar los guantes cuando se conduce al partido a la derrota, en Colombia, es pura teoría. Aquí, de tanto tratar, hay algunos candidatos que al fin lograron ser presidentes.

Alfonso López se enfrentó valerosamente al frente nacional, perdió, y luego, lo logró. Belisario Betancur ensayó varias veces y al final también lo logró. Andrés Pastrana fue derrotado la primera vez y la segunda (contra Serpa) salió elegido. Y sin duda Galán, después de haber perdido lo habría logrado también, si lo le hubieran quitado la vida las balas untadas de política de Pablo Escobar.

Serpa, luego de la derrota contra Uribe, entendió que tenía que reinventarse. Para eso se fue a Estados Unidos, aprendió a pedir Big Mac en inglés en Mac Donalds, y aceptó el cargo de embajador ante la OEA. Después de denigrar hasta por los codos del hoy candidato-presidente, terminó siendo su empleado y haciéndole venias a todas las iniciativas que su ideología socialdemócrata ha debido rechazar. Sin embargo, al sentir cerca el pitazo inicial de la campaña presidencial, renunció y se vino a hacer política.

Al llegar se le vio perdido, sin norte. Trató de hacer propuestas pero no sólo le quedaba difícil atacar de frente a su antiguo jefe, sino que todo lo que decía tenía sabor a viejo, a pretérito, a derrota. Luego llegó Gaviria a recomponer el liberalismo y de manera natural opacó el poco liderato que todavía le quedaba a Serpa en su partido. Horacio, sin embargo, guerrero, entendió que no se podía dejar ganar así como así. Se inventó entonces un Homenaje Nacional en el Hotel Tequendama con mucha gente que lo aplaudiera.

Allí dijo de todo. Le echó vainas a Uribe, arremetió por los laditos contra Gaviria, se mandó otra vez con el vibrato ese de su voz que se hizo famoso en las épocas en que defendía a Samper y de ahí salió para el congreso Liberal a tratar de no quedarse del bus de la modernidad.

A la hora de terminar esta columna nada se sabía de los resultados de ese congreso. Pero lo que sí es claro son las ganas de Serpa de volver a ser candidato. Ojo liberales: si Horacio vuelve a tratar, terminará acompañando a Álvaro Gómez en el recuerdo de los colombianos, como uno de los que trató y trató pero nunca llegó. Uno de los que no se supo cortar la coleta de la política y a los que el pueblo siempre terminó diciéndoles “Mamola”.

No hay comentarios: