18 junio 2005

El ejemplo liberal

Durante mucho tiempo el Congreso Liberal despertó gran expectativa. Algunos pensaron que sería una reunión de nostálgicos que echarían unos discursos que al final no dirían nada. Otros, que se trataría de un evento para reencauchar líderes olvidados. Y al final todos se equivocaron porque el Congreso Liberal de la semana anterior terminó siendo lo más importante que le ha pasado al país en los últimos cuatro años.

La reunión de los liberales tuvo dos efectos fundamentales para el reacomodamiento de las fichas en el tablero del ajedrez político preelectoral. El primero fue interno, a nivel del propio partido liberal y consistió en que en menos de dos días que duró el Congreso, el liberalismo hizo una reingeniería que lo dejó bien parado y muy fuerte.

En este proceso de limpiar la casa el protagonista principal fue Horacio Serpa quien entendió que para seguir vigente debía jugarse una carambola a dos bandas. Se tragó el sapo de la jefatura única que lo dejaba por fuera del puesto de mando del partido, pero se posicionó como adalid del programa social demócrata que se adoptó.

Este movimiento de tahúr electoral de Serpa tuvo, de pasada, un tercer efecto. Se trata de una tercera carambola: dejó tirados en el camino al dúo dinámico conformado por Piedad Córdoba y Gómez Méndez, quienes debieron resignarse a ver cómo Serpa les dijo adiós. Se quedaron viendo un chispero y con el rabo entre las piernas.

El segundo efecto que tuvo el Congreso liberal fue el de poner al partido como interlocutor principal del gobierno en los grandes temas de la política. Hasta ahora el ejecutivo no tenía con quién vérselas de tú a tú. Al liberalismo y al Polo los ignoraba y al conservatismo lo cuadraba con puestos. Ahora al Polo y al conservatismo los tranza pero el liberalismo ya le sale al ruedo y le revira y duro. Semejante milagro se lo debe el país a César Gaviria.

Con la experiencia de los ires y venires de la democracia, vividos y padecidos en carne propia en los años en que ocupó ese cargo, el exsecretario de la OEA se creció y se fajó. Con ejemplos mostró que Uribe ha empequeñecido la política. Señaló cómo a los temas de Estado los reemplazaron las minucias electorales, a la vocación de poder para el desarrollo la reemplazaron la soberbia y el egocentrismo, y a la política la reemplazó la politiquería.

En torno a Gaviria se está uniendo el establecimiento que entiende que, para que Colombia sea viable, se debe hacer política mirando más allá de la obsesión colectiva de derrotar a la subversión. A eso hay que sumarle el ejemplo de organización y dignidad que el expresidente y el liberalismo les están dando a los demás partidos.

Pero el beneficio de tener a Gaviria al frente de la oposición no es sólo bueno para el país. La verdad es que quienes nos hemos atrevido a decir que, a pesar de las cosas buenas del gobierno el presidente comete errores como el de apostarle a la reelección, nos sentimos menos solos; hoy nos sabemos menos equivocados y más respaldados.

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