02 abril 2004

El Congreso: ¿lo mejor del festival de teatro?

Bogotá está de fiesta nuevamente por el Festival de teatro. Por estos días, cada dos años, el arte de las tablas se toma la ciudad. Dramaturgos de todo el mundo inundan sus calles y teatros, y deleitan a quienes tienen la suerte de conseguir entradas para los espectáculos. Gentes de varias regiones vienen a para ver las funciones. Es una época de alegría en la que lo artístico rompe las rutinas y el espíritu se toma lo cotidiano. El invitado de honor es España. Desde la Madre Patria nos visitan artistas de primer orden: Mariana Pineda (Sara Baras) y su balet de seducción flamenca; Miriam Méndez y su baile andaluz; el Zarza Teatre con sus Dioses y Bestias, y el magnífico Bebo Valdés que con sus acordes de piano fabrica el sonido sobre el que el cantaor flamenco Diego ‘El Cigala’ deja escurrir su voz gitana.

Dentro del espectro artístico y cultural del Festival existe una obra que no aparece en el programa oficial. Se trata de una puesta en escena que puede llegar a ser tan triste y aburrida como el peor de los dramas o tan divertida y alegre como la mejor comedia; que tiene desde “extras” que pasan desapercibidos y cumplen funciones “de relleno”, hasta personajes de primera línea que con sus actuaciones marcan y dejan huella. En este tablado hay de todo como en botica: títeres, titiriteros, marionetas de papel y muñecas de trapo; soldados de plomo, prestidigitadores, magos, tahúres y ventrílocuos; Allí interactúan mentes lúcidas, otras menos lúcidas, algunas oscuras y otras incluso lúgubres. Es un escenario en el que se discute, se debate y se le fija un marco de acción al país. Incluso, se supone que allí se resuelven varios de sus problemas, aunque la verdad sea dicha, en muchos casos se crean otros peores. Me refiero al Congreso Nacional.

A mitad de semana tuvo lugar en el Congreso una obra de teatro muy sonada. Se trató del hundimiento del proyecto reglamentario del estatuto antiterrorista. La bancada uribista, la misma encargada de sacar adelante la reelección, no funcionó en las comisiones primeras de Cámara y Senado y al proyecto no le alcanzaron los votos. Entonces comenzó la función. Aparecieron los prestidigitadores y los magos que dijeron “abra cadabra, patas de cabra” y le echaron polvitos mágicos al proyecto para revivirlo. Luego vinieron los tahúres que también hicieron lo suyo. Sacaron de sus mangas las normas de procedimiento para repetir la discusión. Y como la próxima semana termina con resurrección, todos a la vez, decidieron adelantársele un poco a Jesús y revivieron el proyecto.

Luego intervinieron los ventrílocuos. El ministro de gobierno adoptó la misma postura del ‘sí o sí’ que su antecesor en épocas del referendo. Para él, el proyecto está vivo o está vivo. Esto es normal pues él era el encargado de liderar los ejércitos uribistas en la gesta parlamentaria y tenía la responsabilidad del éxito. Y falló. Como falló en la elección del Defensor del pueblo. Y ante la catástrofe, el jefe mayor intervino e invitó a sus tropas a tomar café. El presidente es hombre prudente y les dijo que había que "conciliar el ánimo de urgencia, con el ánimo del consenso”. Pero su secretario general, Alberto Velásquez, cometió el error de “echarle el pato” a los congresistas y hacerse el loco con la responsabilidad de Sabas. Los parlamentarios dijeron que no pagarían platos rotos ajenos, reviraron y ahí sí no hubo magia que valiera. Los ejércitos rompieron filas y cada soldadito de plomo cogió para su lado. Buen espectáculo.

La situación ahora está, desde el punto de vista artístico, maravillosa. Los conservadores, furiosos, están que se van y se van y se van y no se han ido. Pastrana guarda silencio sin caer en el error de dejarse carear por Fernando Londoño quien no desaprovecha oportunidad para ponerle el cascabel al gato. A los liberales oficialistas, el gobierno les está “haciendo ojitos” y ellos se están dejando coquetear. ¿Matrimonio a la vista? Los gaviristas, cautelosos, hablan con uno, hablan con el otro, pero su jefe sigue mudo. Y mientras tanto el Festival de teatro va entrando en su segunda semana, haciendo reír a muchos.

Sin duda la puesta en escena que ha hecho el Congreso esta semana es una de las mejores obras del Festival. Y pensar que aún no se ha empezado a estudiar la reelección…

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