21 marzo 2004

El mensaje del Zapatero

No se habían terminado de contar los votos cuando José Luis Rodríguez Zapatero anunció que le daría un timonazo a la política española. “Hoy han hablado los españoles y han dicho que quieren un gobierno de cambio”, dijo. Lo que no se imaginó el líder del PSOE es que con sus palabras estaba, no sólo anunciando un giro de 180 grados para su país, sino también llamando la atención sobre tres aspectos fundamentales de la política mundial: sobre la forma de gobernar en el siglo XXI, sobre el manejo de los medios de comunicación por parte de los gobiernos y sobre las relaciones internacionales entre los Estados.

Respecto del primer aspecto hay que recordar que los ataques terroristas a Nueva York despertaron la ira de un gigante que perdió toda noción de orden jurídico para actuar globalmente. El presidente Bush metió a medio mundo a la guerra contra “el mal”. Eso llevó a que más de 40 países -entre ellos España y Colombia- se pasaran por la faja a Naciones Unidas. También a que se rompiera la unidad de la Unión europea y a que los gobernantes de la coalición adoptaran una forma particular de gobernar, que por su fondo y por su forma, resulta totalmente antipática. Por su fondo porque parte de la base de que no hay antagonistas a los que hay que convencer por la vía de la democracia sino enemigos a los que hay que destruir por la vía de las armas. Y por su forma porque se expresa en una extraña mezcla de arrogancia, prepotencia y mesianismo que convierte toda voz opositora en humanamente inferior.

Sobre los medios de comunicación, resulta increíble la manera en que hoy son instrumentalizados para lograr objetivos de gobierno. Los mejores ejemplos son el de los periodistas “incrustados” en los batallones del ataque a Irak, que fueron un arma más de la guerra, el de nuestros medios oficiales en la época del referendo y el de la Televisión Española que se prestó para desinformar sobre los atentados de Madrid. Esos episodios muestran una utilización mediática con fines políticos poco sana para la democracia.

Pero ese no es el único problema de los medios. En muchos casos, y Colombia no es la excepción, algunos periodistas han “macartizado” la política. En la práctica han terminado confundiendo “estufa” con “estafa” y se han convertido en un obstáculo para gobernar correctamente. Es el caso de los cazadores de brujas a quienes todo en política les huele feo y ven en cualquier actuación oficial algo ilegal. Lamentablemente la falta de preparación y de criterio los lleva a erguirse en defensores de una moral pública creada por ellos mismos. Por eso terminan confundiendo la política con la politiquería, las coaliciones de gobierno con las reparticiones de puestos y la cárcel con la justicia. Donde eso ocurre la política deja de ser el arte de gobernar y se convierte en el de sobrevivir.

Por último, sobre las relaciones internacionales entre Estados, hay que decir que la política internacional es, como la interna, un juego de poderes. Y que en un mundo polarizado, como el actual, jugarlo requiere de mucha inteligencia. Hoy Zapatero no sólo es el presidente de un país cuyos ciudadanos se sienten engañados por el gobierno saliente. Con su triunfo, y especialmente con el próximo retiro de sus tropas de Irak, el jefe del PSOE se convierte en el líder de una nueva Europa que quiere dejar atrás las heridas de la polarización mundial; de un continente con el que el gobierno colombiano no tiene una buena relación y con el que nuestro país tendrá que interactuar, para todos los aspectos, en los próximos años. Por eso Uribe tiene ahora que mirar el bosque y no los árboles y, en temas como el de la venta de los tanques y el de las relaciones con las ONG, tiene que ser cauteloso y apartarse de la visión gringa. Dicho de otro modo, la Europa de Rumsfeld no es Europa y por eso no puede ser nuestra Europa. La España de Bush no es España y por eso no puede ser nuestra España.

El triunfo de Zapatero es un mensaje de los españoles para el mundo entero: hay que cambiar la manera de gobernar, los medios de comunicación deben hacer una profunda reflexión sobre su conducta y tiene que haber una nueva visión de las relaciones internacionales. Esto tienen que entenderlo quienes sólo creen en un modelo basado en la fuerza y en la instrumentalización mediática. Las palabras del nuevo presidente español, dos días después del más terrible asesinato colectivo en Madrid, aunque fueron dirigidas a los españoles, no tienen nacionalidad. Nos pertenecen a todos. Y ojalá fueran las de todos los líderes del nuevo mundo: “Esta noche me comprometo a encabezar un cambio tranquilo, me comprometo a gobernar para todos, con humildad. Y os aseguro que el poder no me va a cambiar.”

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