11 septiembre 2004

Huracanes

Los huracanes fueron los protagonistas de esta semana. Frances, un fenómeno natural poderoso, azotó durante unas treinta horas el estado americano de La Florida y arrasó con lo que encontró a su paso. Eso sí, dejó intactas las maquinas escrutadoras que en noviembre volverán a definir la elección presidencial gringa. Luego llegó Iván que remató la cosa. Aunque un poco menos fuerte, también pegó duro e incluso alcanzó a sentirse en Colombia. En la costa atlántica cayó agua por montones.

Hay otros huracanes que andan soplando fuerte. El primero es el huracán Piedad. Este es un fenómeno complejo, que por momentos castiga pero que después desaparece. Cada cierto tiempo entra en escena, hace ruido y luego se esconde. En realidad es el coletazo de otros fenómenos que también dejan destrucción a su paso. Piedad venía tratando de tiempo atrás de expulsar de su partido a 47 congresistas que andan de gancho con el gobierno. Empujó y empujó pero se quedó con los crespos hechos. Al final el liberalismo sólo le sacó tarjeta amarilla a los indisciplinados y apenas si resultaron mojaditos.

Otro huracán que silva a lo lejos es Horacio. Este fenómeno ha embestido un par de veces el país anteriormente pero en ambas ocasiones ha terminado estrellado contra el mismísimo aire luego de algunas manoletinas de diestros meteorólogos. Ole… La primera vez alcanzó a meter miedo pero al final no llegó. Y la segunda se diluyó antes de tocar las costas que pensaba alcanzar. Se supone que ahora viene recargado. Habrá que ver, porque a este paso puede terminar convertido en aguacero primaveral de esos que ponen bonitas las flores de mayo.

Ernesto es el nombre de otro huracán de estos días. Este sopla fuerte y con ganas. De hecho, frente a este, los dos anteriores son chubascos mañaneros. Con gran astucia Ernesto anda haciendo política, cerrando heridas, enfilando baterías hacia donde toca. No se trata de un ventarrón, no hay que equivocarse, sino de un fenómeno que tiene fuerza. Y si al final pasa la reelección, no hay duda de que tendrá mucho que ver en el juego del país.

El huracán Andrés también anuncia su presencia. Fenómeno este con capacidad de hacer muchas cosas. Bastó que dejara oír su voz para que el partido conservador temblara. Y también para que el gobierno se pusiera alerta y activara el toma y dame burocrático. Si este huracán pega, como parece que pegará, lo hará fuerte. Y entonces habrá una nueva política que se ubicará en la mitad de tanta polarización.

Entre tanto viento natural que viene y va, hay uno que se ha creado artificialmente. No tiene nombre de mujer y tampoco de hombre, pero sí una dinámica que puede, como los que tienen nombre de mujer o de hombre, mover el país. Se trata del aire reeleccionista. Su pecado está en que no consiste en algo estructurado y reflexionado a la luz del derecho del Estado, sino en un capricho coyuntural. Y un país puede tener toda clase de gobiernos: de izquierda, de derecha, fuertes, débiles, pero no puede pensar en vivir a punta de caprichos coyunturales.

En su manifestación más reciente este viento frío dejó viva la opción de que los alcaldes y los gobernadores hagan política y aspiren no sólo a ser reelegidos sino también a ser presidentes. Un huracán con un aire muy gringo este. Y hasta válido en algunas circunstancias. Sólo que en Colombia el mayor empleador es el sector público y en él los jefes son los presidentes, los gobernadores y los alcaldes. Así, esta iniciativa deja de ser un planteamiento de Estado y se convierte en el umbral de una gran fiesta política de francachela y comilona.

¿Más huracanes? Claro que los hay. Pero habrá que esperar a que empiecen a soplar para ver qué tan fuertes son. Por lo pronto, basta con los de esta semana, Francés e Iván, que bastante hicieron ya mover las cosas.

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