El gobierno y sus parlamentarios han tratado varias veces de ponerse de acuerdo. Pero siempre lo han hecho a medias.¿Quién recuerda eso del Nuevo Partido? Se trató de una iniciativa para agrupar bajo un mismo paraguas al uribismo. La cosa fracasó y ese experimento terminó siendo un ejemplo mayúsculo de inmadurez política. Luego vino la feria electoral de finales del año pasado que barajó nuevamente la política. Eso obligó a que los amigos del gobierno se fijaran menos en la estética y más en el contenido y de ahí surgió coalición de gobierno que hoy manda en el país.
Esa fuerza parlamentaria ha demostrado en ocasiones ser una verdadera aplanadora. Eso se evidenció en los debates de la iniciativa de reelección presidencial. Pero a veces se percibe que la unión se está diluyendo. Para la muestra el botón de sus derrotas en el Congreso. Contra varios pronósticos los uribistas perdieron la segunda vicepresidencia del senado y la presidencia de la Comisión primera de esa misma corporación. ¿Qué pasó? Que el gobierno no funcionó. ¿Culpa de quién? De Sabas Pretelt, que es el ministro de la política, y del mismo Uribe que es quien le da a su ministro las herramientas para actuar.
Pero más diciente es la derrota la semana pasada de Consuelo Caldas, la candidata del gobierno a la Corte Constitucional. Algunos senadores dijeron en público que ella era la preferida del presidente para el puesto y eso bastó para que no la eligieran. Para los congresistas esa fue una oportunidad para mandar el mensaje de que si bien hay un grupo uribista que es fuerte, el presidente no las tiene todas consigo.
Uribe recibió el mensaje. Por eso esta semana invitó a comer pandeyucas a más de 130 congresistas y les pidió que en materia tributaria, de pensiones, de salud y de justicia, votaran conjuntamente. Esos son los temas más importantes de gobierno, exceptuando la reelección, que para el gobierno es el tema más importante. Los parlamentarios dijeron que sí, como siempre, pero es fácil que a la hora de la verdad digan que no, como últimamente. ¿Por qué? Porque en la vida no hay plazo que no se cumpla y está llegando el momento de volver a poner sobre la mesa la reelección. Y si los congresistas empiezan a hacerse escasos, sus acciones subirán como espuma.
En este tire y afloje dos grupos van a salir favorecidos. El primero es el Polo democrático (¿habrá que incluir aquí desde ya al oficialismo liberal?) que al haber demostrado ser la única oposición real, saldrá fortalecido ante el debilitamiento del gobierno. Y el segundo es el pastranismo, que diga lo que se diga, ha demostrado estar vivito y coleando.
Con sus recientes declaraciones Andrés Pastrana le abrió una grieta al conservatismo que apoya al presidente. Y no es descartable que este efecto también esté incidiendo en la debilidad de la coalición.
Con todo lo anterior la bendita reelección puede terminar empantanándose. Si esto pasa, el presidente tendría por delante más de un año para terminar su período, y ante la nueva derrota, se vería en la necesidad de replantear el gobierno. Uribe dejaría de ser candidato y volvería a ser presidente. Y entonces habría que replantear el esquema de gobierno y sucedería algo maravilloso: el gobierno de los uribistas se volvería el gobierno de los colombianos. Habría consenso y un solo proyecto de país. ¿Quién puede decir que eso no sería interesante?
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