15 febrero 2004

Política made in Colombia

semana todo el mundo hizo política colombiana por fuera del país: Uribe se lanzó a conquistar Europa. Pastrana lo acompañó. El parlamento europeo se dividió por cuenta nuestra. Berlusconi nos puso a comer pavo. Piedad Córdoba visitó a Koffi Annan. Ahora anda buscando al Dalai Lama. ¿Para qué? Nuestro embajador en México, Luis Ignacio Guzmán, se despachó contra el excanciller Fernández de Soto. El exmarido de Ingrid Betancur se hizo sentir con sus declaraciones en Le Monde. El canciller francés pidió excusas. Baltasar Garzón judicializó a Castaño. Y hasta el papa estuvo en la jugada. Se terció un carriel paisa y nos bendijo en español.

Todo el revuelo se dio por la idea del presidente de ponerle la cara, de una vez por todas, a quienes lo consideran un señor de la guerra y nada más. El de Uribe es un gesto valeroso que pretende mostrar las bondades de lo que ha sido hasta ahora el cuatrenio de la mano firme y el corazón grande. El problema es que los europeos, que han conocido el dolor de la confrontación más que nosotros, no se tranzan por el lenguaje coloquial y las promesas de unos tractores. Es decir, allí no hay Consejo comunitario que valga. Por eso el presidente, consciente de esto, decidió viajar de la mano de Pastrana, considerado en el viejo continente un hombre que le dio una oportunidad inmensa a la paz. Pero aún con Andrés las cosas no salieron tan bien como se esperaban. Es que no es fácil vender en Europa el argumento de que en Colombia existen problemas sociales que nada tienen que ver con la violencia. O el de que aquí no hay guerra sino actos de terror puros y simples. Por eso el viaje terminó siendo toda una montaña rusa diplomática. El presidente resultó hablando de Hitler, de que su lucha sólo acabará cuando “el creador” le quite la vida y hasta mandando callar a los periodistas cuando le preguntaron por su reelección.

Mientras tanto en el país las cosas siguieron su curso. Los uribistas se reunieron con Fabio Echeverri para impulsar la reelección. La idea es presentar un proyecto de reforma constitucional con la firma de todos los congresistas amigos del presidente para que, de entrada, el trámite legislativo esté aceitado en la Cámara y en el Senado. Y hay un plan B. Si por alguna razón la cosa no sale bien, entonces se volverá a presentar el proyecto pero esta vez mediante la iniciativa popular. Se trata es de materializar el 80% de popularidad y pasar de la encuesta a la firma y luego de la firma al voto. Pero a esta dinámica le pueden salir dos toros muy bravos que los uribistas tendrán que saber lidiar. El primero, que el Polo democrático y Piedad se vuelvan a jugar a fondo como lo hicieron con el referendo. El Polo ya anunció que no le jala al acuerdo nacional propuesto por el presidente a principios del año. Y puede que Piedad ya no presida el liberalismo, pero sin duda mantiene una inmensa influencia que en cualquier momento la puede volver a lanzar al estrellato. Si esta fórmula “PP” (Polo – Piedad) se vuelve a activar, el uribismo puede volver a morder el polvo.

El segundo toro que puede salirle a la iniciativa es que por ponerse a jugar con fuego, la reelección termine siendo aprobada pero con intervalo de un período presidencial. De hecho, esta es la fórmula que más les gusta a los conservadores. Y son ellos quienes tienen la bancada más ordenada y disciplinada del Congreso, y quienes, en buena parte, han sostenido la popularidad del presidente. Si esto ocurre, a los uribistas les habrá salido el tiro por la culata. Porque le habrán hecho un favor a Gaviria, a Samper y a Pastrana, y habrán dejado al presidente Uribe en fuera de juego por mínimo cuatro años.

Con este panorama la política está como para alquilar balcón. Y eso que aún no conocemos el efecto que tendrá a nivel local la disparada de Kerry en las primarias de Estados Unidos. Porque algún efecto tendrá. Al fin y al cabo Bush, como Uribe, quiere reelegirse. Y al fin y al cabo a Uribe le irá mejor con Bush que con Kerry. Habrá que ver. Por lo pronto, al embajador William Word le suena bastante eso de la reelección. La de Uribe. O por lo menos eso dijo. ¿Será que también le suena lo del partido uribista?

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