Cada semana recibo correos electrónicos con críticas y halagos por lo que escribo. La semana anterior, sin embargo, al escribir sobre el chip que Uribe propuso para localizar compatriotas en Estados Unidos, no recibí ninguno a ese propósito. Todos se referían a una nota que incluí en el artículo sobre los abucheos de los estudiantes de la Universidad de los Andes al presidente cuando los visitó hace unos días.
El episodio que creí grave en los Andes, lo fue aún más en la Javeriana. Allí el presidente no se limitó a hacerle el quite a las preguntas como lo hizo antes. Esta vez se fue lanza en ristre contra los profesores y los alumnos que osaron cuestionarlo.
A los estudiantes los tildó de comunistas disfrazados y otra vez, sin decirlo claramente, los tachó de subversivos. Al grupo de docentes de ciencias políticas, del cual alguna vez honrosamente hice parte, también lo atacó. Para Uribe, profesor que se atreva a cuestionarlo, no merece ser profesor.
Todo lo dicho es de alguna manera normal en el tiempo que corre. Pero una cosa me sorprendió: ante la denuncia de que alguien de su comitiva se dedica a filmar clandestinamente a quienes protestan contra Uribe, el debate, gratamente, se trasladó a mi buzón de correo electrónico. Fui tachado de “vendepatria”, “guerrillerito intelectual” y “antigobiernista militante” por quienes al parecer no le ven problema alguno a lo que otros estudiantes llaman “el man de la cámara”. Otros, gracias, me dieron la razón.
Afortunadamente hay estudiantes a quienes el hecho preocupa. ¿Para qué filman clandestinamente a quienes protestan contra Uribe? ¿Por qué ‘el man de la cámara’ sigue filmando cuando, como en los Andes y la Javeriana, se le descubre y se le pide que no lo haga más? ¿Por qué al ‘man de la cámara’ lo protege la escolta presidencial? ¿Tiene derecho “el man de la cámara’ a hacer lo que hace? ¿Tiene derecho el presidente a tener un ‘man de la cámara’?
En las más prestigiosas universidades privadas del país, donde el Uribismo, sueñan algunos, debería imperar como expresión de la estratificación política, la oposición está que hierve. Y es que es simple: a los estudiantes no les pueden meter los dedos a la boca. Ellos no se dejan “tramar” con manoletinas verbales. Cuestionan, hablan, gritan, gracias a Dios. Algunos me pidieron que hoy fuera su voz. Claro. Con mucho gusto.
Ojalá los interrogantes los resuelva alguien. Y ojalá ningún estudiante se pierda. Ojalá también que luego no nos digan que es que se cayó por un barranco y que los animales del Parque Nacional lo desmembraron al punto de dejarlo irreconocibles. Una última pregunta: ¿’El man de la cámara’ es un man del DAS?
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Alguien que me había criticado por afirmar que a Jaime Gómez lo mataron me escribió:: “Acabo de leer la noticia de que los tres médicos forenses dictaminaron que la muerte de Jaime Gómez sí fue asesinato, debido a tres golpes en la cabeza. Con esto, le pido excusas por mis correos anteriores sobre el tema y espero que María Isabel Rueda también se retracte”. Gracias al corresponsal por su valor y su caballerosidad.
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