Estos hits pasajeros siempre han sido caudillistas. La Anapo fue fuerte mientras el general Rojas estuvo en la pomada del poder. Lo mismo el Nuevo Liberalismo con Galán y Salvación Nacional con Álvaro Gómez. Como la Lambada o el Carrapicho, sonaron, tuvieron éxito y luego, desaparecieron. Y por eso no se necesita una bola de cristal para adivinar qué le va a pasar al partido uribista que con tanto bombo y tanto platillo encabeza la lista de éxitos de esta semana.
La idea de aglutinar al uribismo en un partido no es nueva. ¿Quién no se acuerda de ese experimento llamado Nuevo Partido? O mejor, ¿quién se acuerda? Desde que el presidente asumió los uribistas no han hecho más que tratar de unirse y lo único que han logrado es dividirse. ¿Y por qué? Porque en el corazón del uribismo reina la envidia. Todos quieren ser caciques y todos quieren de ese ponqué la mejor tajada.
Uribe es presidente por una coyuntura particular de orden público que se presentó antes de la elección. Desde entonces buena parte de la clase política ha estado con él sólo porque tiene el poder, que a pesar del bombo de la seguridad democrática, es el de la nómina oficial.
Este nuevo ensayo de unión nació muerto. Vienen las elecciones y hay que hacer listas, pero nuevamente cada quién jala para su lado. Juan Manuel Santos quiere liderar la orquesta pero Vargas Lleras dice que el de los votos es él. Por eso, con pasión de gavilán y con razón, se opone a que le impongan un jefe. Por otro lado el partido conservador, que renunció a tener candidato propio (¡qué vergüenza!), hace lo mismo.
Con semejante despelote es comprensible que algunos se alejen. Rafael Pardo, serio, coherente, anunció que no bailaría ese sonsonete. Mientras tanto, el liberalismo avanza a paso firme. Juan Fernando Cristo, su presidente, le quitó ese olor a izquierda rencorosa fruto de la unión de Piedad Córdoba y Gómez Méndez y lo está convirtiendo verdadera opción. Además, hace oposición. Cada vez que Sabas o Santos defienden a Uribe, o que Holguín Sardi defiende el conservatismo, Cristo se bate como un león.
Mientras tanto no se sabe si habrá reelección, pero sí que sin ella el uribismo habrá sido flor de un solo día. Claro que si la Corte da luz verde la cosa será a otro precio. Porque entonces Uribe saldrá a medirse en las urnas y pasará una de dos cosas. Ganará y habrá más de lo mismo, o perderá y entonces, como pasó con el referendo y como dice la canción, el uribismo terminará “flaco, cansado, ojeroso y sin ilusiones”.
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