06 noviembre 2004

¿Un nuevo Bush?

A pesar de que el mundo entero tenía los dedos cruzados esperando que lo que parecía imposible desde el punto de vista lógico no sucediera en el campo político, de nada sirvió. Bush ganó y ganó bien. Y con esta victoria quedaron borradas definitivamente las dudas de su primera elección. Si bien en 2000 Bush perdió en las urnas y fue elegido presidente por los tribunales, esta vez sacó más votos y fue escogido por el pueblo.

Lo que hay que preguntarse ahora es ¿qué va a pasar? Podría pensarse que nada va a cambiar: que la guerra va a seguir igual en Iraq y en Colombia, y que todo va a seguir igual en el mundo. Sin embargo, el olfato de la política indica que la cosa puede variar; claro, no tanto porque no se pueda repetir en estos cuatro años de reinado mundial lo que hizo Bush en los primeros cuatro, porque en el juego del poder todo es posible desde el punto de vista fáctico, sino porque incluso el ala más recalcitrante de la derecha norteamericana entiende que, o se le da un timonazo a la política del universo o simplemente “apague y vámonos”.

Por lo anterior es que pueden esperarse muchos cambios del gobierno americano. Como bien lo dijo el propio Bush, se ganó un capital político y ahora le corresponde gastarlo. ¿Cómo? Fundamentalmente de dos maneras. La primera es cambiando la política (politics) y la segunda cambiando de políticas (policy). De ambas se va a ver mucho, no tanto en el tema interno, pues Bush tiene un plan para su país que seguirá al pie de la letra, sino hacia el exterior, pues ahí es donde está su Talón de Aquiles.

En el Medio Oriente la perspectiva de acción tiene que ser otra. Habrá un envolvimiento mayor de las tropas inglesas en el conflicto iraquí y un esfuerzo gringo descomunal en el plano de la diplomacia para lograr que baje la presión política por su guerra preventiva. Puede esperarse también una participación de algún organismo como la OTAN y unas elecciones de las cuales va a depender en buena parte la estabilidad de la región. Paradójicamente las elecciones presidenciales de Iraq serán para los iraquíes lo que las de Estados Unidos fueron para los americanos: una fuente de legitimidad política de sus respectivos gobiernos.

En el caso de Israel y Palestina es probable que con Arafat fuera de la escena y Sharon empujando hacia posiciones más laxas, Bush impulse decisivamente un proceso que permita avanzar hacia una convivencia pacífica. Puede venir el problema de dónde enterrar al líder histórico de la OLP, pero si el incidente se supera de alguna manera, habrá quedado sembrada la semilla de una nueva oportunidad de paz y será una nueva generación de judíos y palestinos los que se encarguen de volver realidad ese sueño.

El futuro del continente americano también sufrirá cambios. Con Uruguay estrenando presidente marca “Lulla Da Silva” todo es incierto para los Estados Unidos, que se concentrarán en Colombia para salvar la región. La política (policy) sobre nuestro país no va a cambiar. Seguirán llegando soldados y seguirá llegando plata para combatir a la guerrilla. ¿Entonces? El cambio estará en que Uribe habrá dejado de ser el aliado natural de Bush porque, entre otras cosas, estará muy diezmado por lo difícil que es lidiar con el potro brioso y adolescente que es nuestra sociedad.

Es probable que el Presidente sea buen domador de potros y buen administrador de fincas, pero es evidente que Colombia no es El Ubérrimo y que no todos los departamentos son Córdoba. Además, mucha gente ya parece haber entendido, entre esos Bush, que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. O dicho de otro modo, que una cosa es gobernar un país lleno de dificultades como el nuestro y otra bien diferente es pararse cada sábado frente a un grupo de gente necesitada y decirle a una señora de sombrero de la tercera fila: “¿que usted necesita una vaca? Ministro apunte y el lunes hágale llegar una vaca a la señora.”

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