13 noviembre 2004

Menudo contraste

Desde hace un par de semanas un hombre nacido en Egipto y al que sus padres llamaron Mohamed Abdel Rauf al-Qudwa al-Huseini agonizaba en un hospital de las afueras de París. Se trata del mismo hombre que sobrevivió a varios atentados contra su vida y hasta a la caída de un avión. Ese mismo que el 11 de noviembre pasado murió a los 75 años habiendo hecho historia en el mundo entero con el nombre de Yaser Arafat.

Luego de su muerte todos los analistas del conflicto palestino-israelí han hecho sus propias cábalas. Algunos sostienen que al pueblo palestino le sirve más un Arafat muerto y convertido en leyenda que un Arafat vivo simbolizando la resistencia. La teoría se apoya en dos hechos. El primero es la reciente actitud benévola del primer ministro de Israel, Ariel Sharon, hacia los palestinos. Y el segundo es que la dirigencia palestina que reemplazará a Arafat inspira suficiente respeto a las facciones armadas y al pueblo como para mantener bajo su mando a todos los palestinos.

Ambos elementos tienen sus contradicciones. El primero porque una cosa es una actitud y otra diferente un hecho. Y hasta ahora de actitudes de parte de Sharon se ha visto mucho, pero de hechos poco. En cuanto al segundo elemento, hay que tener en cuenta que Arafat siempre fue un hombre carismático y combativo de esos cuya vida tiene sentido en la medida en que exista el conflicto. Ahí radicó siempre su capacidad de congregación y por eso hay muchas dudas de que los nuevos líderes puedan mantener la unidad.

Esas dudas no son infundadas. Ruhi Fatuh, el hoy presidente de la Autoridad Nacional Palestina y quien deberá ejercer el cargo hasta la celebración de elecciones, era un verdadero “don nadie” en la política palestina. Sin embargo, de la noche a la mañana se convirtió en el sucesor legal de Arafat, cuando en marzo fue elegido presidente del Parlamento. No obstante es un hombre que se opuso muchas veces al líder desaparecido.

Quien tampoco la tendrá fácil es Mahmud Abbas, mejor conocido por su alias, Abú Mazen, recién elegido presidente del Comité Ejecutivo de la OLP. Sus malentendidos con Arafat lo llevaron a que renunciara al cargo de primer ministro en 2003. Además, es un hombre que ya ha tratado varias veces con los israelíes y que tiene fama en Jerusalén de no ceder fácilmente.

El caso del Primer Ministro Ahmed Qurei es también bastante particular. Fue uno de los hombres más cercanos a Arafat y de su mayor confianza, al punto de que en la práctica lo reemplazó varias veces cuando el líder fallecido estaba incapacitado. Qurei cuenta con la confianza de Israel, lo que lo convierte en el candidato ideal para reemplazar a su jefe. Sin embargo, le falta algo que le sobraba a Arafat y que es el sustento de todo político: el apoyo popular.

Estos hombres tienen en sus manos el futuro inmediato de Palestina hasta que se escoja un nuevo líder popular. Desde el punto de vista político, es probable que con la muerte de Arafat y la elección de un sucesor, se pase del liderazgo militar al liderazgo político, lo que constituye el comienzo de una vida democrática al interior de cualquier nación. Si esto ocurre, se habrá puesto la primera piedra de algo más sólido y menos sometido a los ires y venires de una guerra que ha dejado muchas cicatrices.

Mientras se enterraba a Arafat, el ejército norteamericano invadía la ciudad iraquí de Faluya. Aunque los americanos encontraron alguna resistencia y sufrieron varias bajas, consiguieron penetrar hasta el centro de la ciudad. Sin embargo no lograron el objetivo de capturar al clérigo chiíta Múqtada al Sáder que ahora se encuentra en algún otro punto de ese país, lo que hace suponer que la larga noche seguirá siendo negra en el país de ex dictador Saddam Hussein.

En Colombia la vida también seguía su curso. Carlos Holguín reconocía en la W Radio FM que el miércoles hubo un desayuno con la bancada conservadora para conversar de política. Al parecer, lo que en realidad se buscó fue meter en cintura a los conservadores que al mejor estilo de la famosa monita andaban retrecheros porque no quisieron darles la dirección del Instituto de Seguros Sociales. Menudo contraste. Una semana de pura y simple alta política en nuestro país. ¿No?

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